"I felt very still and very empty, the way the eye of a tornado must feel, moving dully along in the middle of the surrounding hullabaloo."
* Sylvia Plath, The Bell Jar
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“Tal vez vivir se nos escapa porque la vida pasa y porque morimos. Pero me pregunto: ¿no es el lamento por el carácter efímero de la vida demasiado fácil? ¿No se nos escapará la vida porque no es posible «detener» el tiempo que «vuela», de acuerdo con lo que tanto se ha declamado en la mala poesía? Que nuestras fuerzas flaqueen, que la vida se agote, que apenas al nacer la muerte empiece a trabajar en nosotros, e incluso antes de haber nacido, ¿no es en realidad más inquietante? ¿La vida sería tan insoportable si no cambiáramos a cada instante? Pero si permaneciéramos siempre idénticos, condenados a lo mismo, al «ser», como quisiéramos, fijado (petrificado) en su identidad y sustraído de la muerte, entonces ¿acaso vivir sería vivible , o al menos tolerable? Sin embargo, la vida no solo se agota, también se estanca. Se estanca entre las paredes de una habitación, en los gestos e incluso en las amistades, absorbida menos por el hábito que por la normalidad. Y entonces ya ...
Lo primero que ella vio fueron sus pies, abrigados con medias azules gruesas y alpargatas negras. Con una mano hinchada, agarraba fuerte el bastón para avanzar lento por la calle que se hacía cada vez más empinada. Cada cinco pasitos, el viejo paraba para tomar aire. Cada tres pasitos. Cada dos. Se apoyó en el paredón y miró un punto fijo a lo lejos, mientras recuperaba el aliento. —¿Quiere que lo ayude? —le preguntó ella, extendiendo el brazo derecho para que se agarre. El viejo la agarró del brazo y le dio unas palmaditas. —Querida, te agradezco, pero esto es un tema conmigo mismo. —dijo señalándose el pecho. Sin dejar de avanzar lento pero constante, con el tono y la voz que poseen sólo los sabios, dijo: —Sabés, yo soy de Buenos Aires. Vengo a ver a mi nieta. Detrás de los lentes, y entre las cejas largas que se enredaban y caían, escondía unos ojos turquesa llenos de historia. La boina tapaba el pelo canoso desprolijo, que sobresalía rebelde por algún costado. Entre fr...
Pan con manteca y azúcar. La pava descansa en la estructura de metal con patitas. El mate de loza blanco con dos manijitas pasa, y se ceba con una cucharada de azúcar cada vez. En la radio hay tango y, casi como una travesura, me pedís que ponga otra cosa, como para molestarlo al abuelo. Cantamos algún bolero de Manzanero y me contás de cuando eras piba y tenías que ir a la milonga con tu hermana Haydée, que si no, no te dejaban. Ya empieza a olerse el estofado, ese, el mejor del mundo. Y entre las cortinas anaranjadas entra el solcito de domingo. Galleguita, abuela pirulera, hoy subís a encontrarte con el tano cabeza dura que te recibe feliz. Con vos, se va la receta de las mejores berenjenas al escabeche del sistema solar, y quedan en nuestros corazones todos esos momentos.
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