domingo, 21 de mayo de 2017

La vida por el grunge (The day I tried to live)


1996

Mirás hacia arriba. El cielorraso mantiene las estrellitas fluorescentes, que empiezan a despertar. Se alejan y todo se oscurece. El espiral de Head Down te envuelve y arrastra, hundiéndote en la cama más y más. 


Pensás que, cuando aterrices del viaje, por ahí hasta te parás para dar vuelta el cassette y escucharlo de nuevo.


2017


Miércoles/madrugada del jueves

Mirás hacia arriba. El techo de tirantes de madera se esconde en la oscuridad. Deben ser como las 4 am, pero mejor no ver la hora en el celu. De la nada, en tu cabeza escuchás el bajo del comienzo de The day I tried to live ¿De dónde salió eso, si no escuchas esa banda hace años?


Un par de horas después, rise and shine. En la parada del 50 ya ves todo helado, y cuando te subís, chusmeás el Catedral, que se puso tan flúo como las estrellitas. Entonces pensás, eh!, este va a ser un buen día. Lo confirmás cuando te pones a escuchar Soundgarden y el corazón se te llena de luz amarianaranjada, la misma que emana la bola enorme que está saliendo justito ahí, detrás de la cordillera. Armás una playlist (“la vida por el grunge”), y mientras le pones el nombre, Cornell canta “just like suicide”. Sonreís.


Sábado

Mirás hacia arriba. Abrís la boca y sacas grande la lengua, entrecerrando los ojos ¿Cuánto puede pasar hasta que un copo gordo me caiga en la lengua? La primera nevada del año, y qué felicidad. Como si anoche meterme en el patio de Oskar hubiese sido un lindo presagio.


Mirás hacia arriba. Copos caen. Viajan. Desde lo tangible a lo corpóreo, a esa forma multiforme que cae bellísima, danzando, volando (“how you'd fly so sweetly”). Antes de tocar el suelo, los copos pierden cuerpo. For good. Y se vuelven para siempre, parte de todo. 


Buen viaje, Cornell. Te abrazo.


lunes, 8 de mayo de 2017

El monstruo patagónico ingresa

Outbursts of rage.
Storming in. Storming out.
Flying chair
 and flying cat.
Matches, candles
 incense, clona.
Hard steps coming down the stairs.
Old beating heart burst into flames.
The monster of the unspoken
 arose to squash it all.

(Sept 2015)

sábado, 16 de abril de 2016

The warmest of feelings

I remember back then
just the warmest of feelings,
in a timeless embrace
all our ghosts were defeated.

And as we stood by each other
soon we started to part
How was I to know
that you carried such burdens?

All I tried to do
was to take care of you
But no care could ever fix
the permanently damaged.

And all I tried to do
was build ourselves a home
But no building could stand
in a rotten foundation.

And all I tried to do
was to spare us the bloodshed
But all our wounds had been open
for so long, for so long...

So then I cried so much
and from my tears gathered
the current we needed to float apart.

As I stand now on my island
I wave you goodbye.
There you go, cast-away
as you have always wanted.

So I grip myself tight
all alone in my land
And I look, and I'm grateful
for this is what I found:
this is home, this is caring
 these the roots, and the healing.
They were here all along,
just within.
They were here all along,
in my small little temple.



domingo, 10 de abril de 2016

“Advice? I don’t have advice. Stop aspiring and start writing. If you’re writing, you’re a writer. Write like you’re a goddamn death row inmate and the governor is out of the country and there’s no chance for a pardon. Write like you’re clinging to the edge of a cliff, white knuckles, on your last breath, and you’ve got just one last thing to say, like you’re a bird flying over us and you can see everything, and please, for God’s sake, tell us something that will save us from ourselves. Take a deep breath and tell us your deepest, darkest secret, so we can wipe our brow and know that we’re not alone. Write like you have a message from the king. Or don’t. Who knows, maybe you’re one of the lucky ones who doesn’t have to.”
― Alan W. Watts

miércoles, 30 de marzo de 2016

*

Mirar las estrellas,
sentir la tierra fría llena de noche en los pies.
Respirar.
Llenarse de inmensa gratitud,
llorar de estar vivo.
Hoy.

viernes, 29 de mayo de 2015

el más celestial de los placeres

"... Lo confieso: estoy empezando a escribir (son las cinco de la mañana), no tengo ni la menor idea de qué seguirá, si es que sigue algo, ni de por cuánto tiempo seguirá, ni de hasta cuando necesitaré, desearé y sentiré el impulso de seguir. Y ni la intención ni, menos aún, la finalidad están en absoluto claras. Difícilmente podría dar una respuesta a la pregunta de “¿para qué?”. En el momento en que me senté ante el ordenador, no había ningún tema nuevo y candente que rumiar y digerir  (...) no había ni siquiera un lienzo recién montado que hubiera que llenar de contenido, ni un bulto de materia amorfa que moldear y al qué darle forma.
...No he sabido aprender otro modo de vida más que el de la escritura. Un día sin escribir o anotar algo se me antoja un día desperdiciado o criminalmente abortado: un deber incumplido, una vocación traicionada.

Además, el juego de las palabras es para mí el más celestial de los placeres. Es un juego del que disfruto con locura, y el goce alcanza su cima cuando, tras barajar y repartir de nuevo las cartas, me llega una mala mano y me veo obligado de devanarme los sesos y a esforzarme de verdad para llenar los vacíos y sortear las trampas. No importa el destino de ese viaje: lo que da sabor a la vida es estar en movimiento y saltar (o derribar) los obstáculos del camino."

*Zygmunt Bauman, Esto no es un diario.

martes, 25 de febrero de 2014

El culo grande y la luz interior (feliz cumple, Rosana)

Muebles de mimbre. Cosas dulces caseras. Cuentos antes de irse a dormir y siempre. Libros, lápices, hogar. Dedos anchos y una nariz que termina en pelota. Unos lunares en forma de hormiguita que casi tocaban el labio y que un día se fueron. Una risa contagiosa que sale desde la panza. En todas estas cosas pienso cuando pienso en mi mamá. 



Mi mamá irradia calorcito. Y si te apoyas en su pecho, ese olor a mamá te cura, te abriga y protege de todo. Es un olorcito que nadie más en todo el mundo tiene. No importa si ya tenés más de 30 años, volver a mamá es siempre lindo. Como caminar sobre algodón. Como el merengue de los lemon pie de mamá, o sus panqueques, que son esponjositos cuando rompés el caramelo.
Mi mamá tiene el poder de convertir cualquier espacio en un hogar: lo llena de colores, de calor y de olorcitos que te hacen quedar ahí por mucho rato (como en su pecho).


Mi mamá me compraba cuenta-cuentos que yo escuchaba mientras miraba los dibujitos de los libros cuando todavía no sabía leer. Ella se sentaba y escribía. Yo asomaba la nariz por encima de la mesa y la miraba. Y me hipnotizaba la forma en la que la parte superior de la lapicera se movía haciendo círculos, o formas que no podía seguir del todo, porque iban muy rápido. Yo agarraba una lapicera y la copiaba. Si hacía los mismos movimientos con la mía, seguro que ya iba a poder escribir con letras. Aish… pero no, salía un garabato. Bueno, algún día….


Mi mamá me enseñaba canciones para mirar la lluvia por la ventana. Y siempre hacíamos algo lindo aunque nos quedáramos adentro. Con mi mamá cantábamos con el disco de los Twist limpiando la casa los sábados a la mañana. Ese disco de los Twist tiene olor a cera Suiza.  Y las pelis que veíamos los domingos todos juntos tienen gusto a pochoclo acaramelado.

 
Uno siempre en la casa de mamá es feliz. Ahí se pinta, se dibuja, se toma la leche con cosas ricas y se baila. Y se crece, para querer ser algún día como esa mamá que tiene un sol resplandeciente adentro. Y que estudia y trabaja y lucha, que todo lo que hace lo hace con un amor espectral gigantérrimo que todo lo envuelve.


Cuando mi mamá tenía 20 años, me tuvo a mí. Yo era un poroto muy chiquito que se tuvo que quedar en una cajita de cristal para terminar de crecer antes de salir al mundo. En la Maternidad Sardá, durante casi tres meses enteros, mi mamá me acompañó, me puso musiquita y me dio todo su amor. Y nunca dejó de creer en mí. Yo salí a la vida y fui feliz y lo soy. Y ahora miro a mi mamá y sé que es la persona a quien más admiro en todo el planeta. Ojalá todos los seres humanos fueran capaces de dar tanto amor sin tapujos.

De mi mamá heredé el culo grandote y la adicción a las cosas dulces. Pero además, todo lo bueno que tengo en mí, sé que sale de mi mamá. La capacidad de curar con un abrazo, la luz, las ganas de crear, de moverse, y esa costumbre de que nada de lo que hacés te lo quedás sino que se lo regalás al mundo. Gracias.

Feliz cumple, mamma. Te quiero hasta el cielo infinito punto violeta.